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errante

Tommy

Andrea mi hija de 14 llegó a la casa en la tarde y fue a conocer al gato negro. La asustó un poco la forma en que el gato la miraba. Pero después de pasado algún tiempo el gato se le acercó y se subió en su regazo. Disfrutó de las caricias de ella. Al yo llegar a casa un par de horas más tarde el gato había salido ya de su escondite y estaba acostado en una de las camas. Se dejó acariciar también de mí. Me dio alegría ver que por fin acepta nuestra presencia y requiere nuestra atención. Hemos decidido llamarlo Tommy por sugerencia de nuestro amigo Jaime Álvarez. Es un alivio verlo caminar por la casa.

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Enigmas

Parecen impenetrables los animales pero en sus planetas hay hendijas. La principal se encuentra en las relaciones que establecemos con ellos. La manera como nos comportamos con un perro o un canario y la forma como ellos responden permiten que algo adivinemos de sus órbitas.

Tengo entendido que los rinocerontes se bañan a diario de igual manera que los hipopótamos que en griego son caballos de ríos. Sus planeta son los charcos, las corrientes y las piscinas naturales que se forman en algunos valles africanos.

El mundo de mis pericos es mucho más limitado y ellos parecen aceptar esa condición a cambio de los cuidados que les prodigamos. Y lo único que sé de ellos es que a ratos se disgustan o juegan, cantan o se quedan silenciosos según el día esté muy triste o soleado.

He notado también que son bastantes sensible a los sonidos. En la noche cuando cae la luz y el entorno de su jaula se oscurece, acallan sus gorjeos. Pasa entonces que en ocasiones nosotros subimos demasiado el volumen al televisor o tenemos visitas divertidas que ríen a mandíbula batiente. Pues los pericos reaccionan ante estos excesos y responden de manera parecida. Arman una algarabía que no se acalla hasta no bajar nuestro volumen o cubrirles su jaula con un paño.

El planeta interior del gato negro era un enigma hasta hoy que ha tenido que dejar de portarse como un objeto inanimado. Tuvimos que invadir este domingo sus dominios para asear la alcoba donde le hemos instalado sus objetos: los platos de comida, el bebedero de agua y la caja de arena donde puede esconde con pulcritud sus excrementos.

Tanto organizamos camas, cambiamos muebles y limpiamos, que se vio obligado a salir de su escondite. Subió espantado al segundo piso y escogió otro rincón para aislarse. Yo quiero interpretar esto como un primer signo de querer aceptarnos. Al menos ya no mira con tanto escepticismo. ¿Se irá a morir este gatito de tristeza?

El negro

Mira con mucho excepticismo este gato que ahora me visita. Ha sufrido en la calle muchos meses. Lo abandonó tal vez su dueño insatisfecho al decidir mudarse a una ciudad del norte más oscura.

En la calle reencontró la libertad y su instinto salvaje. Aprendió a defenderse de la gente, del clima y de otros enemigos.

Ahora ha caído en cautiverio. Lleva ya cinco días casi sin moverse, escondiendo su cuerpo en un rincón aislado y apacible.

Al parecer no le hace gracia que lo hayan desterrado de esos dominios, inhóspitos tal vez, pero al fin suyos.

Hoy duerme en edredón de plumas y rodeado de manjares abundantes y continúa imperturbable.
Tal vez añora regresar a sus espacios mientras insiste en distanciarse de la mano que lo cuida.

Y existen por ahí...

Y existen por ahí...

...mis pájaros. Que han tenido varios dueños y que mi hija renombró y supo acariciar por algún tiempo. Todavía los quiere pero más de lejitos. Ya no extrae al más orondo de su jaula para acariciarlo y transportarlo sobre su hombro por toda la casa como si fuese su compañero de travesuras infantiles. Algún día de diarrea inesperada Casso se le cagó en el hombro rompiendo así el encanto de sus encuentros cotidianos.

Eso pasó hace ya como cuatro años.

Viejos amigos se han vuelto estos pericos comilones que nunca pensé tener en casa. Me duele en cierto modo saber que están en cautiverio. Pero les brindamos comida y atenciones y ellos con sus gorjeos nos alegran la casa.

Discretamente a veces les converso, más nunca me responden. ¿y quién dijo que tenían que hacerlo?

Existen además nuestros pájaros. Los que oímos cantar en primavera y verano allá afuera en el campo, en las hondas cañadas de los trópicos o en familiares ramas de árboles urbanos. Esos los compartimos todos por haber tenido la fortuna de no haber nacido en jaulas. Los hay de muchas formas y colores y a veces se me antoja muy extraño que ellos logren volar. Algunos se apresuran mientras otros navegan por el aire con movimientos suaves y ondulantes.

Tal vez los pájaros sean felices en todos sus viajes y destinos. Nosotros en cambio tenemos que proponernos diariamente construir un entorno, que sin eliminar los continuos tropiezos y fracasos, nos enseñen a disfrutar las diminutas gotas de felicidad, que el destino nos va dando.

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También

También

Hay gatos de gatos.
Conozco uno que parece salido de una novela de García Márquez.
Y que de hecho conoció a Garcia Marquez.

El caso es que este gato de "perro callejero" y mendigo en una Escuela de Cuba, ha pasado a ser una especie de emperador con garras.

A Noruega vino a parar por avatares casi mágicos y ahora es dueño y señor de amplios espacios y de varias manos amorosas que lo cuidan, alimentan y miman como si se tratase de un bebé recién nacido.

O un chancho alegre, juguetón y consentido. De esos que tantas familias en Latinoamérica alimentan para poder disfrutarlos en la cena de navidad.

Hay también gatos que nunca fueron callejeros. Y gatos que maullan, que intentan cazar mariposas en lugar de ratones. Son los gatos urbanos y mansos de esta Europa cansada.

Así comienza esto

Existen chanchos de chanchos.
Los hay muy cerdos, los hay cariniosos, decentes y hasta buenos cocineros.
Una de mis mejores amigas tiene un chancho en su casa. Lo adora pero tambien lo atormenta.

Hay tambien chanchos femeninos. De todas las clases, colores y sabores.
Aqui en Noruega se come pavo para las fiestas de anio nuevo. Pero en Colombia y en Chile?
Chancho puro chancho

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